martes, 23 de noviembre de 2010

La alta fidelidad en el siglo XXI... ¿es posible?


Si eres una persona joven y te sueles dejar llevar por la corriente, quizás este post te abra un poco los ojos al mundo real de la industria musical.
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Si eres joven, probablemente te hayas perdido lo que suelo llamar la época dorada de la música. Me refiero al período que fue desde los años 1970 hasta los 1990. Este período se caracterizó por diversos factores que lo hicieron único:

♫ Se instauraron normas de Alta Fidelidad que garantizaban que sólo los equipos que superasen determinados requisitos pudiesen obtener ese calificativo/certificado.


♫ Los artistas creaban discos especialmente centrados en la calidad del sonido, y dedicaban grandes esfuerzos para ello. Esto era posible debido a que la música generaba inmensos beneficios a las compañías discográficas, y el gasto dedicado a mejorar la calidad del producto final era insignificante en comparación. Este culto al sonido en sí mismo hizo que surgiese un buen número de artistas (Kraftwerk, Depeche Mode, Jean-Michel Jarre, Yazoo...) que basaban gran parte de su éxito en la utilización de sonidos electrónicos de gran calidad, que ponían a prueba las características de los mejores equipos de audio de la época. Otros artistas, como George Michael con su Faith, Dire Straits con su Brothers in Arms, o la mismísima Madonna, crearon discos inolvidables tanto por su calidad musical como por su calidad de audio.

♫ La gente se preocupaba mucho por la calidad del sonido. Había un gran porcentaje de audiófilos o aspirantes a serlo, cuyo sueño era llegar a tener algún día un equipo musical carísimo y que sonase lo más parecido al propio estudio de grabación. Era raro ver el hogar que no tuviese una cadena de alta fidelidad en el salón o en la sala de estar.


Por desgracia para algunos (entre los que me incluyo), gran parte de todo eso se ha perdido. Ahora encontramos cosas como las siguientes:

♫ Cualquier fabricante puede decir que su producto es de “Alta Fidelidad” sin necesidad de cumplir ninguna norma.

♫ Las preferencias de la gente han cambiado, y ahora se prioriza por regla general el tamaño y lo económico frente a la calidad: un reproductor portátil que pueda llevarse en el bolsillo, preferiblemente integrado en el móvil/celular, un *.mp3 que ocupa 10 veces menos que la canción original, y, por supuesto, que escuchar música resulte los más barato posible.

Las propias empresas tienen gran parte de la culpa, pues han inundado el mercado con soportes de audio con pérdida (los famosos mp3, para que se entienda) y han difundido la falsa idea de que un *.mp3 suena igual que un CD, con el objetivo de justificar la valía de sus propios reproductores. Y, efectivamente, los CD escuchados a través de un PC normal no tienen la calidad suficiente como para hacer distinguible la diferencia entre un *.mp3 y el CD original, aunque, claro está, los mp3 se venden como rosquillas puesto que la red está plagada de archivos *.mp3 que pueden conseguirse gratuitamente de forma pirata. Consecuentemente, hoy en día muy poca gente se compra reproductores de CD convencionales, exclusivamente dedicados a tocar música. Y lo peor de todo es que se está llegando al punto de que las propias discográficas publican ya directamente en formatos comprimidos con pérdida; hasta los Beatles han sucumbido a esta vorágine y desde hace unos pocos días ya está disponible su discografía en iTunes. Mientras tanto, los más jóvenes, como no han conocido otra cosa en su vida, no saben lo que se están perdiendo.

♫ Los artistas ya no siempre son los que deciden la calidad final de su producto; en muchas ocasiones los responsables directos son los técnicos de audio. En una industria discográfica cada vez más precaria, no hay lugar para el sibaritismo de los artistas, y lo que manda es el mercado. Como consecuencia, las casas discográficas suben cada vez más el volumen de las pistas de sonido (probablemente para que se escuchen “mejor” por la radio, en el automóvil y en la Ipod). Este fenómeno, bien conocido, recibe el nombre de “Loudness War” (“guerra del volumen”), y no es otra cosa que subir el volumen del máster lo máximo posible, incluso hasta el punto de que la onda de sonido quede cortada por arriba y por abajo, perdiéndose la dinámica. Para que se entienda, el resultado es que los golpes de batería y la voz del cantante suenan prácticamente al mismo volumen, de forma que el sonido se vuelve monótono y sin expresividad (aunque, eso sí, a un volumen ensordecerdor). Muchas “versiones remasterizadas” acusan este problema (ojo la próxima vez que encuentres un remáster). No obstante, en un mundo inundado de *.mp3, ¿a quién le importa...?

En este vídeo de Youtube (en inglés) se explica de forma didáctica en qué consiste la Loudness War.



La Loudness War existe desde hace mucho tiempo, pero se ha acentuado dramáticamente en la última década. Aquí puedes ver la evolución de Something, canción de los Beatles, a través de diferentes ediciones (fuente: Wikimedia Commons).



Paradójicamente, vivimos en una época de gran desarrollo tecnológico. La tecnología de audio nunca fue mejor, y los equipos actuales de —verdadera— alta fidelidad ridiculizarían a los de hace 30 años. Por desgracia para muchos de nosotros, son demasiado caros...

...¿o no...?

Si lo prioritario para ti es la calidad y no eres millonario, entonces tengo buenas noticias. La alta fidelidad está a nuestro alcance aunque no dispongamos de mucho dinero y haciendo uso del propio ordenador/computadora. Eso se debe fundamentalmente a lo siguiente:

♫ Los ordenadores/computadoras han evolucionado hasta un nivel impensable hace 20 años. Desde que el estándar de audio es digital, las mejoras de calidad han pasado a centrarse en la conversión digital/analógica, ya que la calidad de la fuente digital es virtualmente perfecta dentro de sus posibilidades (tasa de muestreo de 44.100 Hz y 16 bits para los CD, o de hasta 192.000 Hz y 24 bits para las grabaciones en formatos especiales). En lo que al manejo de los datos de la fuente se refiere (antes de realizar la conversión), un procesador de los actuales, como un Quad a 3 GHz, es miles de veces más rápido (y, en consecuencia, más eficiente) que los mejores reproductores de CD de la época, y, por si fuera poco, su software puede ser constantemente mejorado por una comunidad de internet cada vez mayor.

♫ Existen formatos digitales sin pérdida (*.flac, *.ape, *.wav...), que, si bien ocupan mucho más espacio en el disco duro, presentan una calidad incuestionablemente mejor que los *.mp3, los cuales acusan una pérdida de dinámica, de armónicos y de sentido espacial. Por otra parte, los discos duros tienen una capacidad cientos de miles de veces superior a los de 1990, y a un precio relativamente económico, con lo cual ya no es un inconveniente el gran tamaño de los archivos musicales sin pérdida. Y cada vez lo será menos. De hecho, puedes hacer una búsqueda en Google con la palabra “flac”, “ape”, o “lossless” y te sorprenderá ver la cantidad de gente que ya se está subiendo al tren del audio de alta fidelidad.

Para una experiencia de alta fidelidad no hace falta mucho aparataje. Evidentemente la tarjeta de sonido que trae el PC de fábrica no sirve para apreciar la mejora de calidad del audio digital original con respecto al de los *.mp3, y los auriculares/audífonos que se introducen en el oído o los altavoces Creative del PC tampoco van a ayudar mucho. Pero basta con 3 cosas:

1) Un PC más o menos potente (1 GHz o más), con los programas adecuados (Foobar2000 o AIMP2, ambos gratuitos, para reproducir los archivos de audio sin pérdida). Yo tengo un AMD Phenom II X4 965 (4 núcleos) a 3.41 GHz, y tengo 8 GB de RAM, con lo cual jamás voy a tener problemas de audio derivados del propio PC.

2) Una tarjeta de audio de buena calidad. La más económica y adecuada para la alta fidelidad es la M-Audio Transit USB, que se conecta al PC por el puerto USB y tiene frecuencia de muestreo de 96 kHz a 24 bits, aparte de que está reconocida como un dispositivo de enorme calidad. La puedes encontrar por menos de 80 dólares.



3) Unos auriculares realmente buenos. Esta es la parte más cara del conjunto (y el componente crítico), pero que garantiza unos resultados equiparables a los de unos altavoces de miles de dólares (con la ventaja de que no molestas al vecino). Yo uso los Sennheiser HD-650, reconocidos por la crítica como uno de los mejores productos del mercado. Su precio está algo por encima de los 300 dólares.



...Y eso es todo. ¿Amplificador? No lo uso; conecto los auriculares directamente a la tarjeta de sonido, con lo cual, aunque no puedo reventarme los tímpanos subiendo el volumen :P, me evito distorsiones adicionales y obtengo un sonido más puro y cristalino.

Debo decir que tengo, adicionalmente, un equipo formado por un reproductor de CD Rotel de alta gama, un amplificador Audiolab y las míticas columnas Yamaha NS-1000 (con cables especiales), y, para mi entrenado oído, el “improvisado” equipo del PC suena probablemente a la misma altura en cuanto a textura, separación, espacialidad y riqueza armónica. No todo el mundo tiene el mismo oído, podrá decirme alguno, pero el oído también se entrena. Si lo alimentas con sonido de baja calidad durante toda tu vida, jamás llegarás a aprender la diferencia que supone la verdadera alta fidelidad y las emociones que despierta.



Aviso para los más puristas: soy consciente de que esto no es alta fidelidad de máximo rendimiento, pero en este post tampoco propongo sustituir un equipo de MBL (http://www.mbl.de/en/) por una pequeña tarjeta de PC y unos auriculares. Mi única intención es motivar a toda esa gente joven que vive cautivada bajo el principio del mínimo gasto y el máximo beneficio y que jamás se han acercado siquiera a lo que significa la verdadera alta fidelidad, lo cual me parece una verdadera pena.

Ah, y una cosa más. Si por casualidad tienes una Ipod, existe un proyecto de varios años de existencia llamado Rockbox que ha desarrollado en código abierto (o sea, de forma gratuita) una firmware que hace posible que puedas escuchar flac en la Ipod, aparte de que mejora notablemente sus prestaciones aprovechando al máximo la calidad de sus componentes. No suena como la M-Audio Transit, pero, comparada con la Ipod convencional o con la tarjeta del PC, es una pasada total (siempre que tus altavoces/auriculares sean los adecuados).



Espero que este post te haya resultado interesante, y agradezco tus comentarios.

Calidad del audio en diferentes formatos (flac vs. mp3)

En este post voy a hablar acerca de lo que diferencia a la música en mp3 y en flac. En primer lugar, y antes de empezar, vaya por delante lo siguiente:
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La calidad de una audición musical depende (y mucho) de la tarjeta de audio y el equipo musical (amplificador, auriculares/altavoces) utilizados, y por otra parte también depende de la sensibilidad del oído de uno. Un recién nacido con un oído perfecto puede oír de 20 Hz a 20 000 Hz. Lo normal para una persona joven es no oír nada por encima de los 18 kHz, aunque algunas personas con un oído excepcional pueden oír los 20 kHz o incluso algo más, y una persona de 25 años o más empieza a perder audición a partir de los 15 000 - 16 000 Hz. Además de la respuesta de frecuencia (aspecto cuantitativo), es igual o más importante el aspecto cualitativo: que las ondas a cada frecuencia se produzcan de la forma más parecida a la fuente original.

Dicho esto, entramos de lleno en el tema en cuestión.

Mucha gente piensa que un mp3 suena con la calidad de un CD. Esto no es exacto. Aparte de que un CD suena con la calidad que le hayan dado quienes lo hayan grabado, los mp3 son formatos con pérdida, y eso quiere decir que una buena parte de la información original se descarta para ahorrar espacio. El truco está en que la información que se descarta es, por regla general, información que está “oculta” entre el resto de la información. Por poner un ejemplo sencillo para que se entienda la idea, si una persona me está hablando a un volumen normal y de repente pasa un helicóptero por delante nuestro, el sonido del helicóptero eclipsará a mis oídos la voz de esa persona; la onda de su voz seguirá llegando a mis oídos pero no percibiré el sonido. Otro ejemplo, para que se me entienda también: si pudiésemos tocar dos pianos muy parecidos exactamente al mismo tiempo de tal forma que sus vibraciones coincidiesen, el mp3 “diría” que “uno de los pianos sobra”. Este tipo de operaciones (pero, por supuesto, a un nivel mucho más sutil, de cambios microscópicos) es el que se hace para que los 40 o 50 MB iniciales que ocupa una canción en el CD queden reducidos, como mucho, a 9 MB o menos, dependiendo del bitrate (128, 160, 192, 256, 320 kbps) del mp3.

Pero toda esa información que el mp3 elimina de un plumazo es información que, desde la fuente original, nos llegaría, y es información que nos afectaría emocionalmente (un violín en mp3 difícilmente puede ponernos la piel de gallina), aunque conscientemente la mayor parte del tiempo no sepamos expresar la diferencia con palabras. Sucede lo mismo, por ejemplo, cuando se recrea en realidad virtual a una persona: tarde o temprano sabremos que esa persona no es real, porque la tecnología de realidad virtual aún no logra recrear los detalles microscópicos que somos capaces de captar y que nos hacen identificar a una persona como real y no virtual.

Otras diferencias entre un mp3 y un wav (archivo de onda sin comprimir de Microsoft) o un flac (Free Lossless Audio Codec, códec libre de audio sin pérdida) se notan al cabo de estar un buen rato escuchando música. El mp3 termina por darte dolor de cabeza, mientras que el sonido original no. Y a esto hay que sumar que hay determinadas canciones que tienen la información musical dispuesta de tal forma que el algoritmo del mp3 no es capaz de “adivinar” qué es lo que no vas a poder escuchar, y el resultado es que hay una pérdida notable de calidad, sobre todo en los agudos. De hecho, un mp3 a 128 kbps corta todas las frecuencias a partir de aproximadamente los 15 kHz, y esto es algo que la mayoría de la gente con una audición normal puede percibir fácilmente.

Para que puedas escuchar las diferencias REALES que existen entre los diferentes formatos de audio, he preparado varias pistas en las que he hecho lo siguiente:

1) He cargado la canción desde el disco original.

2) La he grabado a diferentes formatos: flac, mp3 a 128, mp3 a 160, mp3 a 192, mp3 a 256 y mp3 a 320 kbps.

3) He cargado luego todas las ondas en el programa Sound Forge Pro 10.0.

4) He sincronizado todas las ondas bit a bit. Esto es necesario porque el mp3 introduce un cierto desfase de milisegundos con respecto al original.

5) He copiado cada onda de mp3 (calidad con pérdida) y la he mezclado sobre la onda en flac (calidad original, sin pérdida) con la polaridad invertida. Si ambas ondas fuesen idénticas, el resultado sería silencio. Pero en cambio, como el mp3 tiene menos información (la onda tiene menos puntos de resolución, para que se entienda) queda un ruido residual que corresponde, ni más ni menos, a lo que el mp3 tiene de menos con respecto al flac sumado a lo que el mp3 tiene de más respecto al flac (el mp3 no solamente pierde información; también introduce ruido que no estaba en la grabación original).

6) Lo he grabado todo en flac. Contrariamente a lo que bastante gente piensa, el hecho de pasar un mp3 a un formato de mayor calidad no le añade calidad, pues la información adicional "no puede inventársela" el mp3, y sigue estando ausente. Un mp3 pasado a CD sigue sonando como un mp3.

Bájate uno de los archivos desde los enlaces que hay más abajo; lo descomprimes y lo escuchas por ti mismo.

Nota importante: Para poder escuchar los archivos tu reproductor tiene que poder tocar flac. En primer lugar, asocia los archivos con extensión .flac a tu reproductor para que éste los abra al pincharlos. Si aún así siguen sin sonar, entonces instálate el códec o plugin necesario.

Como reproductor te recomiendo el AIMP2 o el Foobar2000; ambos son gratuitos y dan una calidad de audio excepcional (reproducen el sonido tal como está grabado, sin aditamentos de ningún tipo). Para mi gusto, el mejor de los dos es el Foobar2000, pues además es más estable y liviano. El Winamp y el Windows Media Player colorean el sonido (o dicho en otras palabras, lo ecualizan), lo cual puede ser interesante si se tiene un equipo de audio de baja calidad y se reproducen mp3 a bajo bitrate (128 kbps), pero, si el equipo es de alta fidelidad y la música está codificada en un formato sin pérdida o se reproduce directamente desde el CD original, entonces la diferencia entre el Winamp o el WMP y el AIMP2 o el Foobar2000 se nota bastante.

Tests de comparación flac-mp3 (71,97 MB):
https://mega.co.nz/#fm/gVNSnCpa

En este excelente post (me sirvió de inspiración) se explica todo este asunto de una forma más técnica y precisa:

http://www.taringa.net/posts/info/2081940/Flac-vs-Mp3_-_Hay-diferencia_.html

Y, para los que piensen que lo que teóricamente no oímos no nos afecta, ver también este interesantísimo ensayo por el ingeniero de sonido argentino Andrés Mayo: ¿Hay vida después de los 20 kHz?

http://www.andresmayo.com/images/Hay%20vida%20despues%20de%20los%2020%20KHz.pdf

Buen disfrute musical.

Los flac: sus ventajas e inconvenientes


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En este post voy a presentar las ventajas e inconvenientes del formato flac, reflexionando un poco sobre cada uno de ellos para analizar su importancia relativa.

En primer lugar, y para situarnos un poco, hablaremos de qué es eso de los flac. Flac es uno de los varios formatos de audio sin pérdida disponibles en internet. A diferencia de los populares mp3, la tecnología flac codifica el sonido exactamente igual a como estaba en el CD original, ya que comprime la información de forma análoga a como lo hacen los zip o los rar (es evidente que, si un rar o un zip perdiesen información en el proceso de compresión, ninguna aplicación funcionaría correctamente después de haber sido comprimida). Efectivamente, esto puede comprobarse comparando visualmente en un editor las ondas correspondientes a los archivos wav, flac y mp3 derivados de un mismo disco original. Examinando las ondas con el zoom al máximo, veremos que no existe absolutamente ninguna diferencia entre el flac y el wav, así como que el mp3, en cambio, acusa pequeñas diferencias en la mayoría de los puntos de información, que en definitiva se traducen en ruido adicional, distorsión y, si el mp3 es de baja calidad, ausencia de frecuencias altas.



Ventajas de los flac:

1) Ofrecen una mayor calidad en un equipo de alta fidelidad. Esto constituye la mayor ventaja de los flac y, en definitiva, su propia razón de existencia. Y debo matizar este argumento. Indiscutiblemente, un flac suena mejor en un equipo de alta fidelidad que un mp3 (aunque sea a 320 kbps), ya que su bitrate es normalmente entre 900 y 1100 kbps y no elimina información desde el CD original. Pero, si lo que planeas es pasar tu música a CD y escucharla a través de un reproductor de CD portátil “medio decente” o una minicadena más o menos buena, entonces también es recomendable que la fuente sea flac, pues, en caso contrario, se notará la diferencia, sobre todo tras un rato de escuchar música. No esperes grandes diferencias; son diferencias sutiles, pero te harán decir “este álbum no tiene un sonido atractivo”, o “ya no me emociona como antes; he debido escuchar este álbum demasiadas veces”. Si desconoces el hecho de que la calidad de un mp3 es inferior, lo achacarás, probablemente, a la calidad de grabación en el estudio o a tu propio estado de ánimo. Pero debo decirte que no es así; en el estudio sonaba mejor, con un sonido más cálido, con más cuerpo, más limpio. Esto es algo que detectarás inmediatamente en dos situaciones determinadas: cuando lleves mucho tiempo (meses, por ejemplo) escuchando únicamente mp3 a diario, y cuando lleves mucho tiempo escuchando CD. En ambos casos tu oído estará “acostumbrado” a la buena o la mala calidad y la diferencia te resultará razonablemente evidente. Sucede lo mismo, de forma más clara, cuando cambiamos de televisor; por muy sutiles que sean las diferencias, las notaremos. Esto se debe a que nos guiamos más por el sentido de la vista y lo tenemos más “entrenado”. Un ciego, en cambio, notará la diferencia entre un mp3 y un flac con la misma facilidad con que nosotros la notamos entre diferentes televisores. Todo es cuestión de entrenamiento.

2) La información es continua entre pistas separadas. Este aspecto tiene poca importancia si escuchas un álbum de estudio normal, pero se vuelve crítico cuando se trata de un álbum en directo o de pistas sin pausas. El mp3 introduce una inevitable pausa entre pista y pista; una pausa de apenas unas décimas de segundo, pero suficiente para arruinar la audición. Imagínate que estás escuchando Eye in the Sky, de Alan Parsons. El primer tema (Sirius) y el segundo (Eye in the Sky), están unidos, de tal modo que parecen una sola canción. Pues bien, en ese caso, el mp3 hace que notes un corte entre ambas. Aunque grabes las pistas a CD, el corte seguirá estando ahí, pues es inherente a la propia naturaleza del mp3. Comprobarás, incluso, que parte de la información intermedia entre pista y pista se ha perdido. Es una cantidad casi insignificante, pero suficiente para hacer imposible la labor de “pegar” manualmente las pistas de audio en un editor de sonido sin que luego se note al escucharlo. En cambio, el flac dejará la información tal como venía en el CD original, es decir, sin pausas extra y sin pérdida de información intermedia.

3) Son una fuente inalterada de información musical. Si planeas modificar un tema para crear un remix, para cambiarle la ecualización o para añadirle cualquier otro tipo de efecto con un programa de edición de audio como puede ser el Sound Forge, necesitas una fuente de la mayor calidad posible, pues cada operación que realices producirá un pequeño descenso de dicha calidad. Y, en segundo lugar, y no por ello menos importante, cada alteración que realices de un mp3 pondrá en evidencia sus carencias y defectos, que dejarán de estar “ocultos” entre el resto de la información codificada. Una analogía que comprenderás fácilmente es la siguiente: imagina que tienes dos imágenes, una con 16 millones de colores y otra con sólo 256, pero con un antialias que disimula muy bien la carencia de colores. Si cargas ambas imágenes en Photoshop y empiezas a jugar con los controles de brillo, color y contraste, notarás inmediatamente la falta de colores de la segunda imagen. Volviendo al tema del audio, si la fuente es un flac, tendrás la calidad original de partida, con lo cual te aseguras que las posteriores modificaciones que realices dejarán el sonido con la mayor calidad posible dentro de tus posibilidades. Por otra parte, y si la ocasión lo requiere, en cualquier momento puedes hacer copias del flac convertidas a formato mp3, con la diferencia de que siempre tendrás la fuente original disponible. Y además, simplemente quemando los flac en un CD virgen, puedes “reconstruir” el CD original en cualquier momento. Esto no es posible desde un mp3. En el momento en que pasas un formato sin pérdida a otro con pérdida, en nuestro caso, el mp3, pierdes parte de la información de forma irreversible. Aunque vuelvas a pasar los mp3 a flac o a CD, la información seguirá perdida. Efectivamente, al pasar un mp3 a flac, el tamaño del archivo aumenta, pero esto no se debe a que haya aumentado su calidad, sino a que, simplemente, se le han añadido los propios datos del mp3 pero de forma repetida. Es como si haces una foto a 320 x 225 píxeles y la conviertes a 1600 x 1200: no aumentará su calidad; simplemente se verá más grande, pero el pixelado seguirá ahí.

4) Admite frecuencias de muestreo sin límites. Un mp3 está limitado a 44 100 Hz y 16 bits, pero un flac puede reproducir a 24 bits y a frecuencias superiores, como 48 000 Hz, 88 200 Hz, 96 000 Hz, o 192 000 Hz. Esto es muy útil si eres profesional y estas manejando pistas separadas de una misma canción, pues te garantizará que, tras las manipulaciones pertinentes, el resultado seguirá manteniendo, como mínimo, la calidad de CD. También es útil para los audiófilos empedernidos, que gustan de escuchar discos digitales grabados a frecuencias superiores.

5) Es un formato de código abierto. El propio nombre del flac (Free Lossless Audio Codec, es decir, “códec libre de audio sin pérdida”) lo dice. El código de programación de los codificadores de mp3 no puede ser modificado por cualquiera, pues tiene copyright. En cambio, los flac están registrados bajo una licencia de código abierto, lo cual permite que cualquier persona pueda aportar su granito de arena a la hora de mejorarlo. Además, y por razones obvias, es el formato sin pérdida preferido entre los internautas.


Esto han sido las ventajas. Ahora vamos con los inconvenientes.


Inconvenientes de los flac:

1) Ocupan más espacio en el disco duro. Un flac ocupa entre dos tercios y la mitad del tamaño de la pista original en CD. Es decir, tienen un tamaño promedio de entre 25 y 35 MB, y un álbum puede pesar típicamente algo más de 300 MB. Esto parecería una barbaridad hace 10 años, pero actualmente es una posibilidad más que asequible. En un disco duro de 2 TB, que puedes conseguir por unos 200 dólares con impuestos y gastos de envío incluidos, caben la friolera de... 7000 álbumes en formato flac. Podrás grabar con la mayor calidad posible toda la música que se te antoje, y seguirás teniendo espacio libre por mucho que te empeñes en llenar el disco duro. Literalmente, será como si introdujeses directamente toda tu colección de CD en el ordenador/computadora, con los consiguientes ahorro de espacio físico y aumento de la comodidad y posibilidad de manipulación que ello supone.

2) La mayoría de los dispositivos externos de mp3 no soportan todavía flac de forma nativa. Es un hecho que últimamente está cambiando poco a poco, pero el cambio aún es demasiado tímido. La Ipod, tal como viene de fábrica, no permite la reproducción de flac. Esto se puede solucionar con el proyecto RockBox (búscalo en Google), que te brinda la posibilidad de cambiar la firmware de tu Ipod (o de otros dispositivos) de forma gratuita para añadirle más características, incluyendo la reproducción de flac. Yo lo he comprobado con una Ipod clásica y te puedo asegurar que funciona al 100% sin problemas. ¡Puedes escuchar tu álbum en directo con calidad de CD y sin pausas en tu Ipod! Si lo que usas es otro dispostivo no cubierto por el proyecto RockBox, siempre te queda la posibilidad de pasar los flac a wav (ocuparán entre un tercio y el doble más de espacio), que sí reproducen la mayoría de los dispositivos. Y, si el tamaño es algo crítico para ti, como último recurso puedes pasar el flac a mp3, con las ventajas de que el mp3 será de la mayor calidad posible (convertido directamente del original) y que siempre dispondrás de una copia de seguridad con la calidad original.


Bueno, estas son las ventajas e inconvenientes. Juzga por ti mismo.



Mi conclusión:

Los mp3 han sido un formato necesario en el proceso de evolución de la tecnología. En el momento de su creación, eran imposibles formatos de mayor calidad debido a la falta de capacidad y de velocidad de proceso de los ordenadores/computadoras domésticos. La propia industria del marketing hizo el resto, haciendo creer a las masas que la calidad de un mp3 es inmejorable e inundando el mundo con dispositivos mp3, los cuales han reportado a las empresas beneficios multimillonarios. Sin embargo, la tecnología avanza inexorablemente, cada vez más rápido, y, aunque siempre guardaremos en nuestro corazón a los mp3, estos quedarán, simplemente, como sucede con todo, como un simple estandarte de una época que recordaremos con nostalgia. Actualmente existe un conflicto de intereses por parte de los fabricantes de reproductores mp3, que están volcados exclusivamente hacia esta tecnología, pero los formatos sin pérdida, y, en concreto, el flac, vienen pisando pero que muy fuerte. Tanto, que estoy seguro de que no falta mucho para que la evidencia tenga que ser reconocida a nivel mundial y podamos entonar esa famosa frase de “el rey ha muerto; viva el rey”.

Y, por supuesto, llegará el día en que los propios flac se vuelvan obsoletos; me imagino una época futura en la que guardaremos la música en un dispositivo del tamaño de una moneda, en formato sin comprimir, a 192 000 Hz y 32 bits, 30 canales de audio y en modo multipista. Pero, no adelantemos acontencimientos; disfrutemos del momento presente y de lo que éste nos brinda, pues sólo se vive una vez.